Introducción
Hace una semana que regrese de Calgary de una viaje entre vacaciones y trabajo ya que pude compartir con mis hijos y con una familia de Sabiduría Sana. El lunes de acción de gracias la hija del Pastor, muy amablemente me llevo hasta la casa de una amiga y su esposo.
Durante el trayecto ella me pregunto por la lectura favorita de la Biblia, ella compartió varios incluyendo el de María, la hermana de Lázaro. A los pocos días recibí palabra de Dios a través de otro versículo relacionado. A manera de contexto, este fue el versículo que ella compartió:
El Verdadero Corazón Arrepentido
«Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.» S. Lucas 7:37-38 RVR1960
La importancia de este versículo es el mostrar lo que es verdaderamente un corazón arrepentido. Un corazón humilde que da lo mejor de sí para agradar a Dios y a Jesús, sin importar lo que otros digan de ella. Con fidelidad y convencimiento de que en Jesús hallará su perdón, su paz y tranquilidad. Aunque Jesús no está acá físicamente, el deber de nosotros es demostrar ese amor que mostro María, la pecadora en dar lo mejor de sí misma para servirle a Él, a los más necesitados y a los que le buscan.
El Verdadero Quehacer de Tu Casa
Esta conversación me trajo también a colación otro versículo en el que ya Jesús conocía a María, y el visita la casa de Marta, la hermana de María. Acá se nos muestra otra perspectiva de un corazón que ama a Dios, a Jesús. En este caso se hace un contraste entre Marta y María. Marta se enfocó en «servir» su casa, haciendo quehaceres. Mientras que María, escuchaba con atención lo que Jesús decía.
«Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.» S. Lucas 10:38-42 RVR1960
Ese versículo vino a mi atención nuevamente a los pocos días de haber regresado a Casa y a como le explicaba a la hija de Sabiduría Sana y de corazón Servicial. Lo que pone en entre tela este versículo es que muchas veces nos equivocamos al poner por encima los quehaceres de la casa física y del trabajo, olvidándonos del quehacer de nuestro corazón, para poder escuchar a Jesús con atención.
Aunque el escuchar a Jesús, si tiene que ver con la oración y la lectura de la Biblia, más allá es de eso el entender lo que verdaderamente significa que Jesús vive en nosotros. Luego aunque Jesús no está acá físicamente, Jesús se nos muestra constantemente en la necesidad de las personas a nuestro alrededor. Talvez sea una persona que tiene retos y traumas que le llevan a pecar. El enfocarnos en los quehaceres y/o trabajos físicos debería ser puesto en un segundo plano para darle cabida a que Jesús gobierne nuestras vidas y traiga bendición a ese alguien que necesita de una palabra de aliento para levantar su espíritu. Esto comienza desde nuestra propia casa, comenzando por los más vulnerables, los hijos y nuestras parejas.
El Tiempo en Casa Para La Gloria de Dios
Este versículo a mi particularmente me recordó que muchas veces nos ocupamos de cosas y dejamos en segundo plano el propósito que Dios nos dio.
En mi caso he sentido vergüenza de no poder escribir y publicar cada día a como venía haciendo. Recibí un mensaje de alguien de sabiduría sana, que extrañaban las reflexiones. La realidad es que he dejado que entre el trabajo, el regreso al escuela de mis hijos u otras actividades de casa llene mi calendario casi por completo. Y aunque tengo como prioridad la oración, me ha tocado cambiar los hábitos de Casa y de horario para encajar las diferentes cosas.
En Juan 11:17-44 RVR1960, a través del consuelo que Jesús da a Marta y María por la enfermedad y muerte de su hermano Lázaro, a quien Jesús amaba, El me recordaba que hay tiempo para todo. A como Jesús dijo cuando escucho el mensaje que enviaron las hermanas, de que Lázaro está enfermo:
«Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» S. Juan 11:3-4 RVR1960
Luego recibo el mensaje de misericordia que me regalo: Talvez por ahora no pueda escribir todos los días, pero si varias veces cada semana para la gloria de Él y de Jesús. Luego no es de muerte esta enfermedad de no poder escribir cada día, ya que Dios se glorifica en ellos y para que su hijo Jesús sea glorificado en ella. El propósito es multiplicar panes, con que alcance a 1 es bendición, a 2 ya es multiplicación.
Hay Riesgo en Todo y Tiempo Para Todo
Aunque algunas veces se me pasa por la cabeza el prejuicio y repercusiones que pudiese generar estos escritos en el ambiente laboral y familiar, Jesús nos muestra que no importa el riesgo, siempre y cuando se glorifique a Dios y se bendiga a alguien a través de su obra.
«Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Luego, después de esto, dijo a los discípulos: Vamos a Judea otra vez. Le dijeron los discípulos: Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá? Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él.» S. Juan 11:6-10 RVR1960
A pesar de la necesidad, la impaciencia y la urgencia que nosotros como humanos nos creamos ante el temor de perder o de no conseguir las cosas, Jesús también nos ofrece la sabiduría de hay tiempo para todo y de saber esperar los momentos apropiados en donde nuestras decisiones no se vean sesgadas y nos hagan tropezar.
«Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; más voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; más vamos a él.» S. Juan 11:11-15 RVR1960
Esto es válido, más aún cuando decimos tener plena confianza en El. Lo importante es que cuando llegue el momento apropiado, estemos listos para hacerlo a pesar de todos los peros que nos coloquen las personas alrededor.
En Nuestra Casa, Él Tiene la Ultima Palabra
Nuevamente se nos muestra la perspectiva del que ama verdaderamente a Dios y a su hijo. Cuando Jesús está en nuestra casa, debemos vivir confiado y con la certeza que El actuara para bien:
«Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.» S. Juan 11:21-27 RVR1960
Aun cuando el problema es muy grande y la solución muy pesada, y a pesar que nosotros y personas allegadas comiencen a consolarnos porque sentimos que ya no hay nada que hacer, Él nos muestra que para El no hay nada imposible siempre y cuando seamos pacientes, tengamos Fe y lo dejemos actuar en nuestra Casa sin afanes:
«Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.» S. Juan 11:38-44 RVR1960
Una Casa Con Jesús Genera Envidia
Cuando Jesús entra a nuestra Casa, nuestro testimonio traerá bendición a otros, pero igual habrán retractores que aun trataran de matar el Espíritu de El que vive en ti.
Cuáles son esos retractores? Son algunos conocidos, amigos, hermanos y hasta familiares que siembran cizaña y dan malos consejos, porque tienen preferencias u otros intereses, muchas veces de miedo de perder poder e influencia sobre nosotros y nuestra casa.
«Así que, desde aquel día acordaron matarle. Por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre los judíos, sino que se alejó de allí a la región contigua al desierto, a una ciudad llamada Efraín; y se quedó allí con sus discípulos.» S. Juan 11:53-54 RVR1960
Jesús nos muestra la necesidad alejarnos de los lugares donde ellos frecuentan para evitar caer en manos de ellos, y poder proteger nuestra casa. Muchas veces es necesario aislarnos, aunque esto parezca ser un desierto de soledad. En El, no estaremos solos y seremos alimentados por personas enviadas por El.
«Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo.» 1 Reyes 17:2-6 RVR1960
Dios contigo y tu Casa
