Esta semana escuche un video en el cual comparaba el ojo a una ostra. Tienen formas muy parecidas y son órganos muy sensibles.
La comparación es bastante interesante ya que ambos pueden estar expuestas a arena, a algo irritante:
- En el caso del ojo, si no le damos el cuidado apropiado, nos rascamos y podemos lastimarlo, causar una infección y hasta quedarnos ciego.
- Mas sin embargo, en el caso de la ostra puede convertir la arena en una perla.
El punto de la comparación es que cada uno de nosotros podemos escoger nuestra naturaleza:
- Podemos escoger comportarnos como un ojo, ser delicados ante cualquier irritación, y en nuestro poder combatirlo solo con nuestras manos. O podemos pedir ayuda, para obtener los cuidados pertinentes para no perderle, y poder seguir disfrutando de la maravilla que Dios nos ha dado.
- Podemos escoger comportarnos como una ostra, e independiente de lo irritante, podemos absorber el grano de arena, soportar muchos más granos y eventualmente convertirlo en una perla. Así haciendo de esa irritación algo más maravilloso, pero solo esto es posible si pedimos a Dios que nos ayude a cambiar nuestra naturaleza.
Si tomamos desde el otro punto de vista, digamos que somos la persona que tira la arena a un ojo o una ostra:
- En el caso del ojo:
- Podemos comportarnos de manera frívola, y quejarnos con la otra persona por qué no puede ver lo que le estamos diciendo, con el granito de arena que le hemos lanzado, o
- Podemos asumir nuestra responsabilidad y ayudar a la otra persona a extraer la arena, cuidarle el ojo para que nos pueda ver cada día con amor, por el resto de sus vidas.
- En el caso de la ostra:
- Podemos exigirle a la ostra que nos de una perla del granito de arena que le hemos lanzado, o
- Podemos esperar en el tiempo de Dios.
El nivel de madurez de nosotros juega un papel importante en esto:
- Al recibir a Cristo, nuestra naturaleza debería cambiar, debemos ser alguien nuevo.
- Mas sin embargo todos tenemos cosas que nos hacen delicados como un ojo y cosas que permite comportarnos como ostras.
- Es fácil encontrar versículos de que es lo que Dios nos pide como obediencia, de lo que debemos hacer como ostras, pero no todos estamos preparados aun.
- El exigirle a otra persona que se comporte como ostra es injusto
- Un imposible ya que no somos perfectos aun.
- Y la madurez de ostra, no es determinada por nosotros, ya que solo Dios puede hacer ese cambio en el tiempo que el tenga planeado para nosotros.
Esa madurez la podemos extrapolar al amor, el poder mas grande que Dios nos ha dado.
- Si nosotros nos sentimos lo suficientemente maduro en Cristo (Romanos 15:1), para comportarte como una ostra, entonces:
- Nosotros podemos absorber toda la arena que nos tiren sin ningún inconveniente.
- Si no tenemos la capacidad aun de convertirla en perla, solo absorbamos y callemos.
- Demostremos esa naturaleza de ostra, de manera incondicional y con paciencia, que con el tiempo Dios nos dará lo necesario para convertir esos granos de arena en perlas.
- Pero si nosotros sabemos que algo nos irrita, entonces entendamos que la otra persona también tiene algo que los puede irritar, seamos empáticos.
- Evitemos tirar granos de arena a la otra persona. No asumamos que la otra persona es madura como una ostra.
- Como dice la palabra, si estamos libre de pecado, nos podemos sentir seguro de tirar la piedra. Pero si no, pensemos bien en si es necesario lanzar arena a la otra persona, ya que podemos lastimar el ojo de la otra persona, y afectar su vista y como nos ve.
- En este caso, lo mejor es callar, y evaluarnos que nos causa tal irritación y trabajar con Dios en ella. Y en su momento Dios nos hará el milagro. En su tiempo, no en el nuestro.
- No lo forcemos, porque no se vera natural y no será incondicional y paciente, solo momentáneo.
- No exijamos a la otra persona que se comporte tan maduro como una ostra y sobre todo que nos de una perla.
- No es en nuestro tiempo, no tenemos el control de esa persona, solo Dios dispone de esos momentos y cada uno somos responsables de nuestro cambio.
- Lo único que Dios nos pide es que amemos a la otra persona de manera incondicional, aceptémoslo en la madurez en la que este, ayudémosle a manejar esa madurez y tengamos paciencia que solo Dios puede cambiar a la naturaleza de la persona de ojo a ostra.
- No lo forcemos, porque no se vera natural y no será incondicional y paciente, solo momentáneo.
La analogía es tan bonita:
- El ojo representa lo que nosotros vemos, y es fácil perder nuestra fe con lo que vemos, con los comportamientos de la persona a la arena que nosotros le lanzamos.
- La ostra representa lo que no vemos, sabemos que existe la posibilidad y que puede suceder, pero debemos tener fe que en el momento que Dios decida sucederá, no en el nuestro.
Debemos ser responsable por nosotros mismo, y solo podemos orar y pedir:
- Que nuestro amor sea incondicional porque todos fuimos creados imperfectamente perfectos, y lanzaremos arena desafortunadamente.
- Que nuestro amor sea lo suficientemente paciente para esperar en el momento de Dios, sin afanes y sin exigencias ya que no tenemos el control de nada.
Aprendamos a callar como Jesus callo en sus ultimos dias mientras era condenado y atacado por lideres judios, y por razones politicas.
- Si te defiendes o callas, lo que ha de pasar ya ha pasado y no hay nada que puedas hacer al respecto.
- Lo mejor es demostrar amor callando y con fe ser paciente esperando con certeza que Dios esta contigo y te usa para un proposito. Sea el que sea el resultado.
Y a pesar que ninguno de sus discipulos, y los de su casa le negaron, El asumio con ese silencio su rol y demostro con paciencia como el ama a su iglesia. Eventualmente toda esa arena que le lanzamos a El, se convirtio en la perla y el regalo mas preciado para nosotros los Cristianos. El saber esperar en el tiempo de Dios nos bendice con maravillosos regalos.
